Reservas perdidas en hora punta
Son las nueve y media de un viernes. La sala está llena, la cocina va a tope y el teléfono lleva cuatro tonos sonando. Nadie puede cogerlo: quien no está sirviendo está cobrando. Al otro lado hay una mesa de seis que quería reservar para mañana y que ahora mismo está marcando el número del restaurante de al lado. No se queja, no vuelve a llamar, y tú no llegas a enterarte de que existía. Las horas en que más suena el teléfono son exactamente las horas en que menos manos hay para cogerlo.